13. El show de José Fin - Leo Maslíah
Recuerdo un comentario de la época: "Una novela que a cada rato deja de ser una novela". No es exacto pero tampoco falso. Con esta "novela" (o como se le quiera llamar), Maslíah logró varias cosas. En primer lugar, confundir a más de un lector. El estilo, por ejemplo, es tan llano y despojado que no parece uruguayo (es decir lo que en aquel tiempo se asociaba con "uruguayo": prosa poética, muchos adjetivos, narración no ágil). Parece la escritura seca de una novelita policial cualquiera. Aunque es aún más "seca" que éso. En segundo lugar, el disparate constante y con método. Un amigo mío decía que ésta no es literatura de humor, sino de ingenio. Yo digo: es cierto que no es de humor; pero es cierto que no es de ingenio. Aunque por momentos hace reír a carcajadas y es, sin duda, muy ingeniosa, "El show de José Fin" es algo más. Es, diría yo, excelente literatura. Extraña literatura, además. Sumamente accesible -cualquier idiota puede leer a Maslíah y, peor aún, disfrutarlo-, y a la vez sumamente inquietante -no cualquier idiota es capaz de abarcar todos los subtextos, todos los sentidos y, sobre todo, la exposición del sinsentido de la normalidad cotidiana. Si se lee con atención y sin prejuicios, se descubre una obra... eh... profunda (pese a que asociada a Maslíah esa palabra suena ridícula).
Escenas rápidas, constantes cambios de sentido, situaciones que son y luego dejan de ser, el foco constante sobre el protagonista José Fin, juegos con el lenguaje (pero inteligentes, certeros y asombrosos, no obvios, redundantes y exhibicionistas), y una pintura indirecta (a través de la parodia delirante y exigua) de la realidad uruguaya de aquel momento (principios de la democracia luego de once años de dictadura). Así como su libro anterior, "Historia transversal de Floreal Menéndez", reflejaba como ningún otro el universo claustrofóbico y banal de la dictadura (sin decirlo ni demostrarlo), éste expresa aquel lejano momento en que el presidente de la república defendía a los torturadores con el bizarro trámite de poner en duda o relativizar su existencia. Esos pases de magia dialécticos acometían los gobernantes y parecen, hoy, más absurdos que los absurdos de Maslíah. Y menos memorables.
"El show de José Fin" me cambió la idea que me hacía sobre la literatura. No es poco.
(Prejuicio nº 13: si no te gusta..., ¿serás un torturador que no lo es ni lo fue nunca?).
Escenas rápidas, constantes cambios de sentido, situaciones que son y luego dejan de ser, el foco constante sobre el protagonista José Fin, juegos con el lenguaje (pero inteligentes, certeros y asombrosos, no obvios, redundantes y exhibicionistas), y una pintura indirecta (a través de la parodia delirante y exigua) de la realidad uruguaya de aquel momento (principios de la democracia luego de once años de dictadura). Así como su libro anterior, "Historia transversal de Floreal Menéndez", reflejaba como ningún otro el universo claustrofóbico y banal de la dictadura (sin decirlo ni demostrarlo), éste expresa aquel lejano momento en que el presidente de la república defendía a los torturadores con el bizarro trámite de poner en duda o relativizar su existencia. Esos pases de magia dialécticos acometían los gobernantes y parecen, hoy, más absurdos que los absurdos de Maslíah. Y menos memorables.
"El show de José Fin" me cambió la idea que me hacía sobre la literatura. No es poco.
(Prejuicio nº 13: si no te gusta..., ¿serás un torturador que no lo es ni lo fue nunca?).




6 Comentarios:
Mevine corriendo para acá y lo leí y lo leí y lo leí. Siempre será una cosntante eso de sentir: "que poco tiempo que tengo" cuando vengo a darme la vuelta por su blog.
Este segundo comentario, que hará tremendo regadero en su impecable blog, lo tengo que poner porque habrá notado ud que la forma en la que escribo (o tecleo)es deplorable. Persevere y no vea los errores.
¿Deplorable? Apresurada, eso sí.
Hola! Andei com muita preguiça... Retorno e vejo que vc continua fazendo comentários memoráveis sobre literatura...ainda não procurei o Casares aqui no Brasil, mas fá-lo-ei esta semana.
Parabéns pela atitude de seu conterrâneo no Oscar... eles têm que aprender devagarinho a nos respeitar!Saudações!
Bem-vinda outra vez, celialu. Mientras escribo esto, veo desde la ventana de mi apartamento a tu presidente y su comitiva llegando a su hotel. El mundo se ha vuelto pequeño. Tan pequeño, que conozco al ganador del Oscar a la mejor canción. No somos amigos ni nada por el estilo. Apenas unos diez años atrás, un amigo mío que también es amigo de Drexler nos presentó en un bar. Conversamos un rato. Nunca pensé que iba a conocer a un individuo que gana Oscars, pero ya ves, la vida es extraña. Incluso, el actual presidente de la república, Tabaré Vázquez, fue el médico oncólogo de un amigo mío que murió hace un tiempo. Es cierto que el Uruguay es chico. Pero no puedo evitar la sensación de que el mundo también lo es.
Saludos...
Olá. Perdoe meu comentário em português, mas não consigo escrever em espanhol, embora possa compreende-lo bem em leitura. Obrigada pela visita em meu blog.
Quanto ao seu, é muito interessante... Felicitações.
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