domingo, abril 10, 2005

16. Relatos - Franz Kafka

Sus novelas son magníficas, pero -excepción hecha de América- tediosas en su permanente angustia. Grises. Y aunque ese color predomina en toda su obra (no en vano han filmado adaptaciones en blanco y negro), los relatos son más variados, o al menos su variedad se percibe mejor debido a la brevedad. Nada como La condena (tan superior -creo yo- a El proceso y El castillo), nada como El médico rural (tanto más sorprendente -por ser casi surrealista- que cualquier larga novela monótona en sus laberintos que podrían ser veinte o veinticinco o cuarenta, o tal vez infinitos). Y nada como la concisión eficaz de Un artista del trapecio y Un artista del hambre o como la inexplicable ambigüedad de Josefina la cantora y La construcción de la muralla china.
Dicho ésto, qué difícil es pensar en el universo sin pensar en Kafka. En parte por la existencia de un vocablo -"kafkiano"- que todo lo dice, incluso para aquellos que poco saben sobre el autor judío y praguense. En parte porque la obra es un símbolo inextricable del universo -esto es casi imposible de rebatir. Y en parte porque uno está tan acostumbrado a ese estilo de apariencia sólida y concreta y de contenido inasible, que es incapaz de imaginar nada que no esté, en alguna medida, atravesado por su nombre y su inquietante significación.
Kafka. ¿Qué otra cosa se puede decir?
No puedo escribir una sola línea sin pensar -así sea inconcientemente- en su vasta obra condenatoria y condenada. A pesar de que quisiera más humor (más risas; pues Kafka es humorístico pero TAN serio...).
(Prejuicio nº 16: si no te gusta, es posible que en ese disgusto haya algo de gusto, pese a que ese gusto no sea por completo ajeno al disgusto, y así sucesivamente).